lunes, 7 de mayo de 2012

El fausto criollo: una política de la parodia.


                       Una parodia argentina leída con Lacan  (*)

                                                                                      Por Enrique Acuña



       Leímos en el Fausto  de Estanislao Del Campo una parodia de aquel otro de Goethe, como un efecto del lenguaje cuando se remeda un objeto ausente -lo que queda por decir en un discurso-. Es una literatura que se adelanta a lo que enseña el inconsciente: algo se escapa y  afecta, burlándose de quien se crea el amo del lenguaje.



El espectador equívoco

    Leónidas Lamborghini comentando este nuestro Fausto (criollo) introduce la figura de un “espectador equívoco”. La obra se escribe en 1865 en el contexto de una guerra trágica (del Paraguay)  y la transformación de Buenos Aires en una aldea global siguiendo una cultura mimética a Europa,  aunque con el gaucho en sus calles. El espectador  va al Teatro Colón a ver  la ópera Fausto (basada en el texto de Goethe) de Charles Gounod, que se estrenaba en Buenos Aires antes que en París. “Por esa época bastaba que algo fuera francés para que se tuviera por una maravilla”.



El espectador Del Campo es alguien que mira de lado;  un equívoco a lo planteado como tragedia. Ve lo trágico desde lo cómico desplazando el sentido. “Rasgo creativo central en la poesía gauchesca, desde su inicio con Hidalgo, que en el Fausto de Del Campo toma la forma de una parodia.”  Asi rescata el gusto de  los Diálogos patrióticos de Bartolomé Hidalgo, que son de la época de la colonia (1812) con  la risa del bufón, el loco, que dice la verdad reprimida. Este Fausto Criollo esta ahí  a caballo entre el Santos Vega de Hilario Ascasubi y el Martín Fierro de Hernandez: .

           

Con el cuento de la guerra / andan matreros los cobres / Vamos a morir de pobres / los paisanos de esta tierra. / Yo casi he ganao la sierra / de puro desesperao.../ Yo me encuentro tan cortao / que a veces se me hace cierto,/ que ando jediendo a muerto.../ Pues yo me hallo hasta empeñao. 



Parodia y tragedia siempre se tocan. Lo que va a analizar Lamborghini es en qué punto la tragedia se desarma, qué hizo Estanislao Del Campo para transformar un relato alemán clásico como el Fausto en una parodia argentina, en el contexto de una guerra y con la figura del gaucho, ante  la extranjerización del gusto.

Cito a Lamborghini: “La parodia establece una relación cómico-imitativa con el modelo al que caricaturiza en sus pretensiones de perfección”. “En la parodia, la semejanza del derivado con su modelo no tiene nada de reverencial; por el contrario, se lo toma en solfa para neutralizar su poder paralizante. El modelo sacralizado es sometido a la violenta distorsión de una risa que se le atreve: el modelo vacila, tambalea, su impostura de perfección queda al descubierto”.



Sigue: “Fausto se resiste a hacer el pacto por el que entrega su alma a Mefistófeles a cambio de los favores de Margarita.”

Pero en Del Campo no aparece tanto el amor por Margarita, aparece el desafío del gaucho al poder cultural que es el gobierno de turno. Lo que se negocia es el poder político, no es la mujer. Ahí la parodia está conduciendo a un fin político, que es cómo el gaucho, como nuevo héroe híbrido, es culturalmente antieuropeo.

“El cruce paródico de lo serio con lo cómico, de lo sublime con lo bufonesco: el Demonio representado como tentación del Poder que todo lo puede, alegando gastos de viaje como un pobre diablo.”-dice Lamborghini.

 ¿Del Campo también devorado por lo foráneo? ¿Fue, en este sentido, una suerte de espectador equívoco de la ópera del francés?



Entonces, la figura del espectador equívoco es correlativa al modo en que la parodia se instala como un saber de la verdad. La parodia es un saber sobre la verdad que lo trágico vehiculiza pero que también oculta. ¿que caiga el amo y viva la histeria? encanta la división del sujeto; pero eso es solo un punto de partida. Lo que verifica eso, el objeto;  es un complemento lógico,  lo sutura, es el remedio, no solo la causa. Por eso es interesante la idea del equívoco, encontrar algo que divide pero a la vez encontrar una salida, encontrar el buen chiste –desplazamiento novedoso- para salir.



La parodia del objeto

 En la Obertura de los Escritos, Lacan habla de el objeto a como lo que se escapa y se burla del significante. El mito individual del neurótico cuyo relato es la novela familiar esta habitada por héroes más o menos trágicos (excesos de infancia, trauma, sexualidad). 

Para Lacan, el objeto a es la demostración de un real fugado al discurso; producto del pasaje de la tragedia del mito –los ideales- a la parodia del discurso al final de la experiencia si llegara a ese término.  El discurso del analista es solidario a eso ya que permite que alguien se ubique en un lugar de objeto causa con respecto al sujeto divido. (a----$)



 El tono épico de la demanda inicial está teñida de los valores sociales. Es decir que la presentación trágica como caida de los ideales es ya una salida de la hybris griega, del orgullo y el desafío. Cualquier identidad consolidada implica la soldadura entre el yo y su ideal social.



“Este robo (o vuelo) de la carta (letra) se diría la parodia de nuestro discurso”. La letra está del lado del significante-  se diría la parodia de nuestro discurso: sea que se atenga uno a su etimología que indica un acompañamiento (...)”

La carta de presentación de alguien, su novela familiar, su síntoma; supone que  no se puede burlar de sí mismo, él no sabe cuál es esa causa. Un destino trágico y una carta x, una carta de presentación que es significante; pero no puede hablar de su objeto, sustraido del discurso.

“(...) la parodia de nuestro discurso: sea que se atenga uno a su etimología que indica un acompañamiento e implica la precedencia del trayecto parodiado”.



                                                                                      I (A)

                                                                                        S

               Parodia                                   Tragedia      (mito individual)





             objeto (a)                                             S1 – S2  (retórica)

 


                            

                 Resto (un estilo)   

            

Va decir aquí Lacan que la estructura del sujeto es la estructura del lenguaje en tanto el lenguaje parte de un vacío. Es una alusión implícita a “La eficacia de lo simbólico” donde Levi-Strauss argumenta que en el vacío aparece una representación imaginaria que se interpreta en otro sentido, surge lo simbólico, y queda algo que no es representable. El inconsciente es un vacío. Por ejemplo, estamos dormidos, estamos en un vacío, hay un sueño en el que aparece una representación; cuando alguien interrpreta el sueño hay un intento de lo simbólico de apresar esa imagen representada, pero como no puede ser representado todo, queda el ombligo del sueño.



Sigue Lacan: “Redoblamiento invertido del trayecto”. El trayecto está en el relato significante y la parodia remeda el trayecto del maestro del pensar –los S1- que es del yo ideal. “esa división en la que el sujeto se verifica  por atravesarlo un objeto..”.  Podríamos descifrar la ficción al infinito, pero algo la detiene.   Ese resto (a) verifica la división del sujeto y detiene su deslizamiento.                                                      



La parodia del objeto remeda el trayecto de lo parodiado (el significante amo) y en su bucle crea algo nuevo, sino es una mímesis aristotelica. Recuerden el acto fundacional donde Masotta –citado por Germán Garcia- explicita su deseo: “parodiamos un Escuela, algo que era nuestro y original a la vez”. Sin imitación sino invención transformadora en la medida que hay un repetición del original totalmente nueva.



Si surge una originalidad nueva, esta produce un elemento que no está en el valor de la época. La retórica es lo que vale para la época, y el objeto a es un estilo nuevo hecho del resto de lo enunciado. Es el objeto que respondió a la pregunta por el estilo y es caída con respecto al Ideal de “el gran hombre” (Buffon).

“(...) causa del deseo en donde el sujeto se eclipsa y como sustentando al sujeto entre verdad y saber.” Esto ya es lo que viene en el año siguiente en Lacan. En los cuatro discursos el saber no se reabsorbe en una verdad, que queda como algo imposible de decir.

                                 a            S

                                

                  verdad   S2          S1

Si el analista está como agente en el lugar del objeto, parodiando al que está dividido por sus ideales, produce los maestros del pensar que tiene este tipo, los yoes culturales, históricos, de su tradición familiar. Se producen significantes amo que dejan de tener valor. Y queda un saber en el lugar de la verdad.  



Enseñar psicoanálisis no es un hecho de información, sino de trasmitir algo de esa división fecunda. Un saber por las vias de la transferencia de trabajo más allá de un valor de mercado porque ese  saber eclipsa la división del sujeto entre saber y verdad. Es un saber  imposible de conocer, pero actúa mas allá de la pregnancia narcisística de la información en la época de su planetarización.-



Cito: “Del itinerario del que estos escritos son jalones y del estilo determinado por aquellos a los que se dirigieron, quisieramos llevar al lector a una consecuencia en la que le sea preciso poner de su parte”.  A Lacan o no le importa que no se entiendan sus escritos, lo que le interesa es que el que está leyendo va poner su deseo o no de saber. Parecería que a Lacan le interesa menos ser leído como maestro del pensar que ser interpretado como enigma a decifrar. Remeda así (parodiar para no odiar) la estructura del objeto que nos interesa porque se burla aún del buen entendedor.-



 (*) -Escrito posterior al Curso anual “Lo tragicomico”, clase del 21 de diciembre 2011.-



Notas:

-Lamborghini, Leónidas: Risa y tragedia en los poetas gauchescos. Ed Emece, Buenos Aires, 2008

- Del Campo, Estanislao: Fausto –Impresiones del gaucho Anastasio del Pollo en la representación de esta ópera. . Sainte Claire Editora, Bs.As. 1978.

-Lacan, Jacques: Oberturade esta recopilación. (1966)-Escritos 1- Siglo XXI, 2008


sábado, 12 de noviembre de 2011

EXTRAÑEZA Y EXTIMIDAD por Enrique Acuña*Asociación Psicoanalítica Paraguaya Arandú (APPA): Extrañeza y extimidad*                            ...

Cómo pasar de la extrañeza de la angustia que generan los "demasiados ojos" de la era de la omni-visión mediática en el fantasma de cada uno al hecho de poder decir  un buen chiste interno /externo como aquel del Mercader de Venecia de Shakespeare sobre la "libra de carne".-

Asociación Psicoanalítica Paraguaya Arandú (APPA): Extrañeza y extimidad* ...: Extrañeza y extimidad* Por Enrique Acuña Voy a hablarles de un re...

viernes, 26 de agosto de 2011

GANO EL "NO" A LA REPRESA AYUI

Tras el revés, aranda y soros anunciaron que “no van a seguir adelante” con la obra

Para Medio Ambiente, la represa de Ayuí es legalmente incompatible

Publicado el 26 de Agosto de 2011

La Secretaría que dirige Juan José Mussi advirtió que el emprendimiento arrocero del vicepresidente del Grupo Clarín compromete la responsabilidad internacional del Estado. “Causará perjuicio sensible al río Uruguay”, expresó.
  La Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación resolvió ayer que las obras del Proyecto Ayuí Grande “resultan incompatibles con las disposiciones de la Ley General de Ambiente Nº 25.675 y la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos Nº 26.331”. Mediante la Resolución 1238/11, también determinó que el emprendimiento arrocero que encabezan el vicepresidente del Grupo Clarín, José Antonio Aranda, y el magnate húngaro George Soros “compromete la responsabilidad internacional del Estado por tratarse de una obra que causará perjuicio sensible al río Uruguay, al afectar la calidad de sus aguas”.
Tal como lo denunció Tiempo Argentino el 8 de agosto de 2010,  esta polémica iniciativa suponía la apropiación de un curso de agua por parte de dos privados, la inundación de 8000 hectáreas de tierras con bosques nativos, bosques costeros en galería y flora y fauna autóctona en la localidad correntina de Mercedes. El proyecto, alentado por el incremento del precio de los granos en el mercado internacional, buscaba producir 23 mil nuevas hectáreas de arroz, y contaba con el aval del gobierno de Ricardo Colombi, quien la semana pasada enfatizó: “No nos vamos a dejar llevar por falsos ambientalistas que lo único que quieren es que nuestra provincia tenga más del 60% de tierras improductivas”, y añadió: “No podemos tolerar que personas foráneas nos vengan a decir que tenemos que vivir permanentemente en estado animal, sin poder trabajar o producir.”
A raíz de la investigación periodística de este diario, en noviembre de 2010, la Corte Suprema de Justicia de la Nación decidió suspender las obras por 90 días hasta tanto se determine si la misma ocasionará daños al medioambiente y afectará el cauce del río Uruguay. Luego, en junio pasado, la Corte dio por “extinguido el proceso”, ya que el supuesto daño ambiental que podría generar el emprendimiento “no puede encontrar cabida en esta causa” en tanto que excede su objeto, pero reconoció que el Estado nacional tenía competencia para actuar. En ese marco, la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable elaboró un informe crítico sobre los eventuales impactos negativos del emprendimiento. Allí concluyó que “el Proyecto Productivo Ayuí Grande constituye un peligro de daño grave e irreversible” ya que contempla “la eliminación y fragmentación de ambientes, la pérdida de diversidad y los cambios en el régimen de pulsos de inundación aguas abajo”. Además agrega que el aspecto más preocupante de la propuesta es “establecer compensaciones económicas ante la imposibilidad de aplicar medidas de mitigación, dado que el bien colectivo ambiente es un bien no monetizable, ni disponible por los beneficiarios de manera exclusiva o en forma sustentable”.
Las reacciones de las ONG que se opusieron a la construcción de la represa no tardaron en llegar (ver recuadro).
 Emilio Spataro, de Salvemos al Iberá, celebró la medida y afirmó: “Esto demuestra que todo lo actuado en Iberá fue tenido en cuenta, y es de una enorme satisfacción para las comunidades ribereñas afectadas por estas obras ilegales.”
En tanto, el lapidario informe contra el Ayuí no cayó nada bien en el entorno del vicepresidente del Grupo Clarín, José Antonio Aranda. En diálogo con Tiempo Argentino, el titular de Copra SA y mano derecha de Aranda, Ricardo Freire, señaló que la resolución ministerial “desautoriza las leyes provinciales dictadas por el Estado de Corrientes”, ya que “nosotros contamos con todas las habilitaciones provinciales correspondientes y estábamos en condiciones de comenzar las obras, pero ahora nuevamente nos vuelven a frenar”. Al mismo tiempo, manifestó que “esta situación nos sobrepasa, quedamos en el medio de un conflicto entre el Estado provincial y el nacional; y hasta tanto no se aclare el panorama, no vamos a seguir adelante”. <

sábado, 13 de agosto de 2011

Zaffaroni y los perjudicados del paco.-entrevista-

RAUL ZAFFARONI DARA EXPLICACIONES Y ALERTA CONTRA UN “CENSURISMO”



“Tengo toda la documentación y contestaré”
El juez afirma que no desea protagonizar ninguna epopeya. Dice que los medios deben distinguirse
del amarillismo y rechaza una regulación estatal de prensa.
Y deja una hipótesis sobre quién puede sentirse perjudicado y por qué.

Por Martín Granovsky


El juez de la Corte Suprema de Justicia dice que no está en contra de la investigación periodística, sino del hostigamiento personal y la intervención en su intimidad, ofrece explicar el caso de los departamentos supuestamente alquilados por una inmobiliaria a prostitutas y revela que en los últimos años participó junto con la Policía Federal de un plan que derivó en cien causas ya instruidas por tráfico de cuatro millones de dosis de paco.

Tal como publicó ayer Página/12, Zaffaroni reconoce que tiene una cuenta en Suiza. Dice saber que esa frase despierta fantasmas y por eso aclara que se trata “de la exacta suma que consta en todas mis declaraciones reiteradas a través de los años incluyendo la de AFIP”, y es la cuenta que tenía cuando su pliego a ministro de la Corte Suprema fue discutido y aprobado en el Senado en el 2003. En ese momento, afirma, “tenía 45 mil dólares, por sueldos y honorarios cobrados en el extranjero por trabajos para organismos internacionales”. Dice que la AFIP tiene registro de sus bienes y añade que “a esto se agrega un solo depósito importante, de 70 mil dólares, que es el importe del Premio Estocolmo de la Asociación Sueca de Criminología, en perfecta transferencia documentada del banco sueco al suizo”.

“Me llama la atención que los medios que casi ni mencionaron ese premio, que es el máximo mundial de mi especialidad y otorgado por un jurado internacional, ahora quieran imputarme la ‘cuenta suiza’”, cuestiona. “No es el Nobel (si lo fuera sería de un millón de dólares), pero es el equivalente ante la ausencia de otro más importante. Ahora seguiré con el trámite, me depositarán el dinero en mi cuenta aquí. Creo que el Premio Estocolmo en buena medida es un reconocimiento a nuestro país y a sus criminólogos y juristas y, por ende, tal como lo dije, el importe de ese premio lo distribuiré en un 50 por ciento para fundaciones y otro 50 por ciento para las Madres de Plaza de Mayo, las Madres Línea Fundadora y las Abuelas”, dice Zaffaroni, que antes había concedido una entrevista en el programa Sostiene Granovsky, de CN23, que se transcribe aquí, en la que habló de “un escándalo provocado, un hostigamiento, una campaña de desprestigio que excede a mi persona y va contra las instituciones”.

–¿Contra la Corte Suprema?

–La excede. Va contra la República. No porque yo sea la República. Si esta metodología se generaliza esto tendría varias consecuencias. Primero, el riesgo de destrucción cíclica de personas que tengan menos espaldas que las que tengo yo. Segundo, un efecto sobre algo que nos ha costado mucho conseguir: la libertad de expresión. Algunos creemos que la mejor ley de prensa es la que no existe.

–Por eso la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no regula contenidos sino que administra el espectro.

–Es que no hay mejor ley de prensa que la Constitución.

–La libertad.

–Exactamente. Pero contra esto hay censuristas. Gente que quiere censura. Si esto se generaliza y las campañas son contra todos, los censuristas podrían tener éxito.

–Pero la investigación periodística no es hostigamiento.

–No creo que sea investigación tener un equipo parado frente a mi casa fotografiando a quien entra y quien sale y fotógrafos siguiendo por la calle para fotografiar a cualquier persona. O fotografiándome a mí. No me refiero a cuando aparecen los muchachos trabajando. Hablo de las 24 horas por día.

–¿Esto supondría diferenciar entre esta forma y cualquier publicación de informaciones u opiniones?

–Exacto. No es lo mismo. Y otro riesgo más es la generalización del método. Silvio Berlusconi lo usó contra un periodista católico. Es ataque y hostigamiento hasta quebrar psicológicamente a alguien. Esto podría inducir a pensar que la gente crea que son todos iguales. Es como explotar un camión atmosférico con su contenido en un espacio de 360 grados. “Son todos iguales” es la antipolítica. Termina en alguien que dice: “Sí, son todos iguales. El único puro soy yo”. Adolf Hitler.

–¿Tan dramático?

–La antipolítica es dramática.

–¿Hay condiciones sociales para ese drama en la Argentina?

–Nunca estoy seguro de que pueda no haberlas. Mejor no incentivarlas. Nunca la política satisface del todo a la población. Por más que haya pluralidad, nunca el Estado hace bien todo, a veces tenemos que optar, nunca nos gusta todo. Siempre hay elementos de antipolítica. Por eso no hay que incentivarlos.

–¿El hostigamiento está mal lo haga quien lo haga?

–Por supuesto. Es un límite. Y hablo de un límite ético autoimpuesto por los medios. Si no hay ese límite, un día los censuristas van a ganar.

–Los códigos periodísticos son razonables: no mentir, no pagar por una nota, no cobrar por una nota, chequear la información. El más famoso, el de The Washington Post, establece que en última instancia es el editor quien calibra si la información pasa ese filtro. O sea que los códigos, además de razonables, son tautológicos.

–En la ciudadanía todos nos comportamos de acuerdo con ciertas pautas éticas. Hay cosas que el Código Penal no prohíbe que uno no debe hacer.

–En la Argentina últimamente la palabra “república” se usa como ideología.

–Mi definición es simple: es la res pública. La cosa pública. Lo que nos atañe a todos.

–¿Cuál fue la secuencia de reacciones ante el primer dato difundido sobre los departamentos?

–Primero la sorpresa ante algo que no conocía. Luego pensé que había la sana intención de algún denunciante. Pero muy pronto me sorprendió que no me lo hubieran comunicado. Me fui poniendo al tanto de los acontecimientos y la realidad y tomé las medidas para desalojar los inmuebles. Nunca recibí una carta documento denunciando que un inquilino desnaturalizara el contrato y violara el reglamento de copropiedad.

–¿Y ahora? ¿Cuál es la reflexión sobre el error?

–No cometí ningún error. Le dije a un apoderado que se ocupara. Si el apoderado –un amigo, una persona grande– se equivocó de inmobiliaria, se resolverá. Los alquileres se pagan en la inmobiliaria. No conozco a ninguno de mis quince inquilinos. Me desentendí.

–¿Por qué?

–Me dedico a mi función de ministro de la Corte, a dar clase, a escribir. No soy una persona ávida de dinero. No hay mortaja con bolsillo. Y bueno, a veces alguna cosa sale mal.

–Uno de los cuestionamientos de quienes no imputan delitos o infracciones dice: “Zaffaroni debió haber tenido más cuidado”.

–Hay gente que piensa eso. Que uno debe cuidarse permanentemente de cualquier cosa, aunque sea correcta, no sea que uno ofrezca un flanco. Yo no pienso vivir como un paranoico. Si tengo que hacer eso me voy a mi casa. Soy una persona normal, no tengo custodia, ando por la calle, voy a restaurantes, nunca me prevalgo de privilegios, hago la fila como cualquiera... Nadie me pidió que viva como paranoico.

–¿Ni siquiera ahora?

–No.

–¿Y las reacciones en la calle?

–Nadie me criticó. Fui al Teatro Cervantes a un espectáculo magnífico y en determinado momento, al final, la gente aplaude, alguien grita mi nombre y el público termina aplaudiéndome a mí. La platea estaba llena. Casi me pongo a llorar. Nunca me había pasado eso.

–Jorge Vanossi escribió en La Nación que debe haber “un pedido fundado de licencia” hasta que el Congreso lleve las actuaciones adelante.

–Tengo entendido que la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados se reunirá después de las elecciones primarias del 14 de agosto. Hasta ese momento hay pedidos de informes. No hay investigación en curso. Yo estoy dispuesto a ir a la comisión que sea, tengo toda la documentación y contestaré lo que sea. La imputación me afectaría éticamente pero no está afectando a la función. Nadie habla de irregularidades cometidas en mi función de juez de la Corte.

–Lo dijo el mismo presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti.

–La discusión pública trata de hechos relacionados con el manejo de mis inmuebles y no tiene nada que ver con mi función.

–¿Está verificado si alguien pudo haber cometido algún delito?

–En cuanto a mi persona, en muchos casos no conozco ni siquiera los inmuebles. Algunos de ellos los cambié por venta de unos terrenos y en consecuencia mi única vinculación es la firma de la escritura. Mi apoderado encargó a la inmobiliaria la tarea de administrar. En el contrato está la inmobiliaria y los contratos son los de precios de plaza. En cuanto a lo que puede haber sucedido dentro de los inmuebles, no lo conozco. Puede ser simple ejercicio de la prostitución, que no sería ningún delito. Puede ser otra cosa que no conozco y por la cual no puedo abrir juicios sin saber qué pasó. Si uno calcula todo como causalidad debe recordar un viejo dicho: “El carpintero que fabricó la cama sería responsable del adulterio que se cometió sobre esa cama”. No, no hay causalidad. No se me puede responsabilizar ni siquiera de un homicidio que pueda haberse cometido en un inmueble alquilado por mí.

–¿Es una hipótesis?

(Ríe.) –Espero que no encuentren un cadáver.

–¿Es una presunción conspirativa?

–Veo cosas raras. Ayer apareció en mi casa y habló con algún personal mío una señora rubia que dijo que ejercía la prostitución y quería conversar porque ella se ofrecía a prestarse para una coartada y podía decir que tenía un vínculo afectivo con alguien de mi entorno que me había traicionado. Puede ser una persona desequilibrada, puede ser una coincidencia...

–¿Qué es, jurídicamente, una coartada?

–Es una forma artificial de montar una prueba para eludir responsabilidades. No necesito ninguna coartada.

–Hay opiniones diversas. Ricardo Alfonsín dijo que “un miembro de la Corte Suprema debe dar un paso al costado”. Francisco de Narváez dijo que “hay que esperar que surjan las evidencias”. Lorenzetti recalcó que en este caso no hay ningún cuestionamiento a las sentencias dictadas en la Corte. La diputada de la Coalición Cívica Fernanda Gil Lozano dijo que “cuando uno ocupa un puesto en la Corte Suprema de Justicia no puede darse el lujo de ese descuido”. José Luis Gioja dijo que “se ha metido mucho la politiquería”. El diputado Eduardo Macaluse, del SI, dijo que tenía buen concepto y que hay que dar explicaciones en el Congreso pero sin hablar ya de juicio político. Federico Pinedo, del PRO, dijo que “Zaffaroni tiene que ir al Congreso a dar explicaciones a los diputados”. Alberto Rodríguez Saá dijo que “si el doctor Zaffaroni no tiene nada que ver habrá sido víctima de una situación”.

–Una respuesta ya la di antes. No voy a asumir “sumo cuidado”. Eso viene de la frase de la mujer del César.

–“No debe serlo sino también parecerlo”.

–Sí. Eso suele terminar en que la mujer del César no parece pero es adúltera. Yo soy como soy. No quiero parecer nada sin serlo. Soy auténtico. Hasta puedo tener desorden en el manejo de mis bienes o delegar sin tener cuidado. Lo asumo. ¿Eso es causal de juicio político? Creo que no. No voy a vivir como un paranoico. En cuanto a la opinión de don Ricardo Alfonsín, la respeto y le tengo un gran respeto a él, pero si la seguimos, estaríamos todos en manos de la prensa amarilla. Van a terminar diciendo que soy fundador del Club Varsovia, el que manejaba la prostitución...

–¿La mafia de las polacas de la Zwi Migdal?

–Sí. La de los años ’30. Si todos fuéramos considerados sucios, todos deberíamos renunciar. Ya lo dije: estoy dispuesto no sólo a dar explicaciones sino a aportar documentación.

–En la Argentina no hay tradición de meterse con la vida privada de los funcionarios públicos.

–Es así, pero además en este caso hay hostigamiento. ¿Qué vacuna puede haber? Estoy en contra de una ley de prensa que regule contenidos y estoy en contra de toda forma de censura. Los mismos medios deben distinguirse entre cuáles son los serios y cuáles son los amarillos, y denunciar el amarillismo. El amarillismo no molesta si en un determinado momento es visualizado como tal. Como la pornografía. Si el amarillismo dice cualquier cosa y todos sabemos que es así, bueno, que digan cualquier cosa.

–Cuando un funcionario, en este caso un ministro de la Corte, dice “vida privada”, ¿a qué se refiere? ¿A los bienes?

–No. En el caso de un funcionario los bienes y las cuestiones patrimoniales o la eventual deshonestidad administrativa o la corrupción no son un tema privado. Lo privado es meterse en la casa.

–Si los medios o los periodistas se distinguen del amarillismo, ¿qué deberían hacer los dirigentes políticos como prevención?

–Ser prudentes. Y la mayoría lo fue. No se prendió en esto de manera irresponsable. Me parece correcto que alguien opine que yo deba dar explicaciones.

–La tradición norteamericana es meterse en la vida privada de los políticos o los funcionarios.

–Es producto de una tradición cultural puritana. Es la que ha sido madre de todos los prohibicionismos, como el del alcohol, con todas las consecuencias.

–La Ley Seca, que terminó estimulando la violencia y la mafia.

–Claro, pero partía de algo: una reacción del grupo inmigrante originario frente a los nuevos inmigrantes de raíz irlandesa, griega, italiana que, católicos o luteranos, traían la tradición de la taberna.

–Franklin Delano Roosevelt fue el que terminó con la Ley Seca en 1933, en plena crisis. Y Roosevelt no sólo intervino en el mercado...

–Alguno podría tildar a Roosevelt de populista, ¿no?

–... sino el que evita que el pueblo norteamericano caiga en una forma de fascismo en el mismo año en que Hitler llegó al poder.

–El prohibicionismo empieza prohibiendo la marihuana porque la llevaban los mexicanos. Y sucede mucho antes que el opio, cuando el opio es mucho más grave. Y el opio se prohíbe más bien como reacción a la inmigración china. El puritanismo crea la tradición de meterse en la vida íntima.

–La tradición francesa es distinta. O era.

–Presidentes de Francia tuvieron hijos extramatrimoniales que salieron a la luz después de que fallecieron.

–¿Una sociedad menos prohibicionista es una sociedad más libre?

–¡Claro! En la medida en que uno se mete en la intimidad de la persona es que quiere regularle la intimidad.

–¿La Argentina es más prohibicionista o más libre?

–La intimidad de nuestros políticos se hizo pública cuando ellos la hicieron pública.

–El divorcio de Carlos Menem cuando una fuerza de seguridad se ocupó de sacar a Zulema de la Quinta de Olivos.

–No quería mencionarlo, pero ése es el concepto. Pero creo que somos una sociedad más libre y respetuosa. Tendencias hay, y brotes de puritanismo, por regla general bastante hipócritas, también, pero no llegamos al prohibicionismo instalado. En el fondo privilegiamos la libertad.

–En casi 28 de democracia es así, con excepciones como la del jueves 28 a la madrugada en Jujuy, y esto corre por mi cuenta y ni pido opinión, cuando una represión terminó en cuatro muertos con intervención de una empresa privada, la policía y funcionarios del gobierno jujeño.

–En los últimos 28 años la sociedad tuvo una evolución cultural que me asombra. A favor.

–¿Cuál fue la reacción de colegas y asociaciones de la Argentina y del exterior?

–Declaraciones individuales y colectivas, masivas, de apoyo. Lo siento mucho. No quise provocarlo.

–¿No hay intención de epopeya?

–De ninguna manera quiero ser protagonista de una epopeya. Sólo quiero dar las explicaciones que tenga que dar, o a quien no lo vea claro...

–¿Con permanencia en la Corte?

–Si el amarillismo me hiciera renunciar estaríamos perdidos.

–¿Esto entraría en la teoría del chivo expiatorio?

–No. El chivo expiatorio es identificar a alguien como autor de todos los males para cargárselos a él, que es sacrificado. Y suele ser un grupo. Los adolescentes y los jóvenes en la Argentina de los últimos años, por ejemplo. Poner todos los males de la sociedad en cabeza mía es un poco difícil.

–Una versión vinculó al arzobispo Jorge Bergoglio con la Fundación La Alameda, que hizo la denuncia, y con supuestas críticas directas.

–Tengo claro que el cardenal no tiene nada que ver con esta porquería.

–¿Hubo reunión con el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini y con el ministro de Justicia Julio Alak para conversar del tema?

–Eso lo publicó La Nación. Las pocas veces que voy a la Casa de Gobierno entro y salgo por donde están los granaderos. No suelo reunirme en la Jabonería de Vieytes. Inventar esa reunión, que no existió, en el momento en que había un riesgo de que esto se corriese a la política y se convirtiese en un problema político, es una intriga peligrosa. Admito que alguien puede no estar de acuerdo conmigo y esté en las antípodas ideológicas, o que critique mis sentencias, pero inventar una reunión que no existió rompe toda regla de ética periodística.

–¿Para qué son las reuniones con funcionarios del Ejecutivo?

–Por cuestiones de Presupuesto, de leyes, de ajuste legislativo del mapa judicial, de habilitación de partidas, etcétera.

–¿De fallos?

–Nunca. Eticamente no podemos hablar de fallos con una de las partes.

–¿Este llamado “hostigamiento” puede ser atribuido a una causa que pueda llegar a la Corte?

–No, pero me suenan raras algunas cosas. Hubo acceso a los celulares de todo mi grupo de colaboradores. Ni yo tengo todos los números de todos. Tengo dos o tres y si es necesario se hace una cadena. También los hostigaron. Los llamaron hasta de madrugada, como a mí me dejen un vehículo en la puerta y sigan a cada persona que sale de mi casa. Alguien que quiere informar no hace eso. Investiga de otra manera. No descarto que pueda haber algún nivel de corrupción.

–¿En qué sentido?

–Personas que puedan pertenecer a una fuerza pública.

–Es fácil investigar la primera parte. Alguien de un consorcio cuenta algo y luego un periodista investiga.

–Por eso digo: conseguir todos los celulares no es tan fácil. Puede haber un motivo relacionado con posible corrupción. Desde hace un par de años, a través de una acción coordinada con un sector de la Policía Federal, promovimos el secuestro de casi cuatro millones de dosis de paco. Hay casi cien personas con instrucción terminada y elevada a juicio oral. En mi vida no me ahorro conseguir algunos enemigos y algunas envidias. Tengo para formar varios cuadros de fútbol, pero ahora se trata de otra cosa.

–¿El caso del paco es una hipótesis?

–Sí. Es un interés concreto perjudicado

El fin del estado de Bienestar en los paises europeos- por Eric Calgcano.

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lunes, 25 de julio de 2011

Una elección (-un país, un presidente, uno-vive-aqui)

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TRIUNFO MACRISTA

El escenario previo no era tan distinto al que finalmente terminó dándose. Todo el mundo esperaba una victoria de Macri en la primera vuelta y un segundo lugar para el kirchnerismo. Lo que cambió es que se esperaba una diferencia menor entre el primero y el segundo. Se habló de ocho puntos en la versión más optimista, de diez en la que aparentaba ser más neutralmente valorativa (por el consuetudinario encanto del término medio) y doce en las tiendas kirchneristas más sombrías.

Ese panorama, de haber sido exacto, convertía a la segunda vuelta en una elección completamente distinta, en la que podía pensarse la construcción de una coalición electoral anti-macrista que revirtiera el triunfo de la compacta primera minoría. A esto hay que sumar que el nivel de aceptación de la figura de Cristina Fernández en la capital aumentaba las esperanzas del oficialismo nacional para el 31 de julio.
Con los casi veinte puntos de ventaja macrista sobre el candidato del gobierno todo esto quedó convertido en ceniza y humo. Los votos potenciales de Cristina no se trasladaron así de fácil a su candidato porteño. El “aluvión zoológico” macrista, para usar, humorísticamente, una expresión característica del folklore político argentino (aunque aplicada en aquel momento pasado a una fuerza política de signo inverso), canceló el escenario alternativo imaginado por el kirchnerismo. Podemos agregar, por el kirchnerismo y los sectores anti-macristas de la capital, que no son exactamente lo mismo aunque tengan amplias zonas de convergencia.
El ballotage para el kirchnerismo quedó reducido a una instancia en la que intentará sacar una derrota honrosa. La posibilidad de ganar con un escenario tan adverso implicaría una agitación de las conciencias entre aquellos que no fueron a votar o que lo hicieron por otras opciones que ya debería estar manifestándose de alguna manera socialmente observable. Una imagen para ponderar esto, quizás algo extemporánea pero que puede ayudar a entender, es referirse a la movilización juvenil y ciudadana que se dio en las calles parisinas cuando en 2002 el neofascista Le Pen quedó a las puertas del ballotage con el gaullista conservador Chiriac.

La atonía posterior a las elecciones que se observa en las calles de la ciudad no presagia que vaya a darse ningún fenómeno de este orden. Es más, en los días posteriores se vio en la calle nada más que al macrismo y a sus militantes-empleados de amarillo repartiendo su propaganda. Conviene aclarar que esa prolija apariencia da un sesgo uniforme a los que llevan a cabo esa tarea y que provienen de los residuos del aparato peronista y, en menor medida, radical en la ciudad de Buenos Aires y a una variada clientela política, cosechada desde antes del acceso al gobierno y aumentada desde entonces. El Frente para la Victoria, ausente sin aviso. Moviéndose, probablemente, a nivel superestructural, lo cual es inevitable y necesario pero no alcanza.

La sensibilidad antikirchnerista

¿Qué fuerzas se expresaron en el voto macrista? A riesgo de ser superficial pueden distinguirse dos vectores diferenciados. Por un lado, se concentró, en la primera vuelta y en el machismo, el conjunto del voto maníacamente anti-kirchnerista. Para este sector cualquier parcela política que pueda restarse al gobierno adquiere el estatuto de causa sagrada. A esto hay que agregar el carácter central y simbólico de la ciudad capital de la Argentina. El voto “partisano” anti-k posee una marcada tonalidad de derecha. Se opone al, en su lenguaje, “asfixiante” intervencionismo estatal, a los juicios llevados a cabo contra los torturadores y represores de la década del ’70 (que incluye tanto a la dictadura del ’76 y la previa represión, selectiva pero muy sangrienta, de Perón, Isabel y López Rega), a la pauta salarial permisiva que ha aplicado el gobierno para contrarrestar la inflación generada por aspectos de su política económica, a la política exterior del país que hace una relativa buena sintonía con los procesos venezolanos y boliviano y que, conjuntamente a Brasil, ha sabido mantener y aumentar un margen de autonomía nacional en la región que se halla lejos de ser despreciable, etc.

Conviene introducir un matiz en esto. El voto furibundamente anti-k orbita alrededor de las concepciones políticas de la derecha pero eso no significa que todos los individuos que sostienen una oposición extrema al gobierno sostengan convicciones de ese orden. Pensar así sería reduccionista. Pero aún peor sería dejar de subrayar que cuando la contra al gobierno no adopta posturas manifiestamente de derecha se produce el siguiente fenómeno. Por un lado se agranda la incidencia de las explicaciones de tipo individual y moral (la búsqueda de poder absoluto de los k, la infinita corrupción del gobierno y otra fábulas similares salpicadas con argumentos psicologistas que explican que la implementación de soluciones a “buenas causas” deben adjudicarse a “malos motivos” que trastocarían por completo su significado). Por otro lado se angosta hasta casi extinguirse las explicaciones causales de orden más político y, sobre todo, los planteos concretos que deberán aplicarse para revertir el proceso político impulsado por el kirchnerismo. Se llama a cancelar la política kirchnerista pero no se explicita políticamente cómo habrá de llevarse a cabo. La ambigüedad del anti-kirchnerismo se manifiesta con variaciones en una parte de la llamada centro-izquierda que privilegia al gobierno como principal ámbito de confrontación, en periodistas que cultivan hace varias décadas una inofensiva forma de la crítica moral (que supo aparecer como progresista o jugada durante mucho tiempo pero que ha girado en descubierto ante la asombrada mirada de unos cuantos), de fracciones sociales de las capas medias y de individuos de todas las clases que no admitirían bajo ninguna forma ser personas conservadoras o de derecha pero que se encuentran imposibilitados de articular una crítica global mínimamente coherente al gobierno, ya sea por mala conciencia o incapacidad. In absentia de planteos políticos concretos alternativos al kirchnerismo y a las concepciones del conservadorismo opositor, lo que queda como única base de sustentación común es el programa de la derecha argentina.

Esta característica estructural de la coalición anti-k le ha permitido golpear con dureza al gobierno, como el domingo 10, pero, hasta ahora, ha constituido un límite insalvable a la construcción de una alternativa burguesa por derecha al kirchnerismo. Logró generar un inmenso y poderoso no que, al momento de estar obligado a hablar con claridad no supera el mero balbucear, producto de que solamente algunos de los integrantes de la informal coalición opositora pueden explicitar su posición real. Los otros deben callar, hablar de generalidades o rizar el rizo de la moralina anti-corrupción. Pero son absolutamente necesarios a esta suma ya que sin ellos se cae; su falta de voz es una retorcida forma de adhesión.

La inercia de las masas conformistas

El segundo vector definido del voto macrista es un sector de la población, que atraviesa a vastas fracciones de las clases populares y de las capas medias, y que oscila entre el apoliticismo y la anti-política. Es el reflejo de una actitud que mezcla desinterés, rechazo y hastío en muy diversas proporciones. Podría decirse que ciertos sectores sociales intermedios han sido más proclives a esta actitud pero tampoco puede dejar de reconocerse que en determinadas coyunturas esta fragmentaria pero relativamente sistemática concepción del mundo posee una capacidad de reproducción y expansión difícilmente igualable por otras ideologías. Quizás porque más que una ideología, aunque tenga contenidos explícitos, podría decirse que es sobre todo una actitud. Una actitud reactiva que absorbe los distintos mensajes que circulan por la conciencia social y procede, en cierta manera, a neutralizarlos. Es incapaz de analizarlos o refutarlos pero de manera sorprendente se autoinmuniza.

En un sentido, es un reflejo distorsionado de una protesta respecto a las promesas incumplidas de la democracia burguesa argentina. Pero se trata de una protesta que carece de cualquier rasgo progresivo, ya que impugna a la democracia por lo más rescatable que esta tiene: la necesaria postulación discursiva de argumentos, más allá de la calidad que estos puedan tener. Para este sector de masas la mera resonancia de algo que le suene a debate político provoca su rechazo, su indiferencia o su desdén. Al mismo tiempo esta actitud está lejos de tener algún rasgo progresista ya que no va acompañada de ninguna tendencia, ni aún contradictoria, a movilizarse de alguna forma ni tampoco de ninguna clase de escepticismo, en la senda del buen sentido gramsciano, respecto a los mensajes provenientes de la ideología dominante.
Es un rechazo completamente pasivo que, en principio, los arroja en brazos de los políticos al servicio de los empresarios. Funciona a pleno el mecanismo de lo que un politólogo de la academia, pertinaz opositor al kirchnerismo, bautizó como “democracias delegativas”. Pero no se trata solamente de esto, ya que en cualquier país capitalista más o menos estabilizado, éste puede ser el modo más corriente de construcción de la hegemonía.

Este apoliticismo reactivo de masas dista de estar desposeído de una mínima pauta de conocimiento. No es para nada una hoja en blanco. Posee sus sistemas de registro y codificación; los cuales los llevan a orientarse y a escoger, no a cualquier candidato burgués, sino a aquel cuyos rasgos lo recorten como relativamente exterior al sistema de partidos y en el cual los rasgos delegativos y cesaristas se acentúen cualitativamente. Naturalmente todo esto involucra una tendencia al vaciamiento de la democracia burguesa que es común a unos cuantos países capitalistas avanzados, tanto de los centros como algunos de los primeros escalones de la periferia. Las figuras de Berlusconi en Italia o de Piñera en Chile son las más representativas en cuanto a la figuración de una especie de salvador neoliberal-populista autoritario, diseñado mediáticamente y asentado en una especie de neo-derecha que busca frenéticamente negar su carácter de tal pero cuya impronta se vislumbra claramente a través del seguimiento de sus temas, símbolos y discursos.

El Berlusconi aparentemente monógamo que parece ser Macri se corresponde con estas tendencias internacionales; encarnándolas, hasta ahora, en forma local. No existen evidencias que indiquen que el macrismo permanecerá condenado a su splendid isolation en la ciudad autónoma de Buenos Aires o que será capaz de dar el salto hacia la constitución de una fuerza política de nivel nacional.
Estos sectores de masa funcionan las más de las veces a partir del conocido tópico de “la mayoría silenciosa”. Este es un slogan que no tiene nada de socialmente neutro sino que recoge una imagen del mundo que se orienta en un muy preciso sentido conservador.

Muchas veces su existencia como tal “mayoría silenciosa” es decretada por aparatos de reproducción masiva de la ideología burguesa como los medios de comunicación (a pesar de su apariencia autopoiética). Es un elemento relativamente móvil y sinuoso, que se desplaza en la sociedad. Podemos decir que cuando aparece, sea cual sea su volumen real (de mayoría real o autodecretada), la conservación del orden social existente tiene uno o varios puntos a favor. Su aparición ha sido clara en la última elección porteña. El voto macrista tuvo, en este sector, un carácter vergonzante, el cual solamente en la hora del triunfo de Macri llevó a cabo su exteriorización.

Un muralla contra la peste

El macrismo ha conseguido concentrar en una fuerza electoral una fantasmagoría común a muchas ciudades grandes: la acechanza de un afuera peligroso cuya inclusión en el entorno de la ciudad traería como consecuencia graves perturbaciones. Este tipo de fantasma es propio de la urbanización capitalista en ciudades altamente desarrolladas y complejas, las cuales, justamente por ese desarrollo y complejidad, se transforman en una máquina de diluir/disgregar identidades. Este efecto global es comúnmente puesto, imaginariamente por parte de diversos grupos sociales, afuera del conjunto ciudadano, desconociéndolo como parte de una dinámica que es propia del conjunto al cual se pertenece. El racismo visible en Europa desde hace tres décadas es una clara puesta en escena de este tipo de procesos. En Buenos Aires; periferia relativamente avanzada y que gusta imaginarse como una comunidad europea, blanca, de clase media y homogénea, hemos asistido en los últimos años a una extensión, relativamente vergonzante y sotto voce, de los prejuicios hacia la inmigración latinoamericana y, de manera mucho más abierta, a la postulación del manodurismo y a la colocación de los problemas de violencia urbana (acomodados todos bajo el perezoso y ambiguo rótulo de “inseguridad”) como el más importante problema del país.

El segundo aspecto arriba citado está lejos de ser una particularidad argentina. La propaganda a favor del estado penal se ha extendido vertiginosamente en el capitalismo globalizado en que vivimos y su postulación es la propuesta política del establishment mundial para efectivizar una solución inmediata y disciplinadota frente a los desórdenes que la misma reestructuración mundial genera. Una aclaración necesaria: el que las cuestiones aquí referidas expresen problemas globales no significa que todos los lugares sean el mismo lugar. Las distintas historias nacionales, es decir la manera en la que cada sociedad arribó al escenario del capitalismo globalizado, cuentan para poder explicar sucesos y tendencias y la combinación específica a través de la cual se manifiestan en cada sociedad nacional.

El macrismo expresa, como nadie ha logrado hasta ahora en la política argentina, estas tendencias. El macrismo expresa, mediante un envase amigable y descafeinado, las diversas paranoias sociales y la postulación del castigo y la sujeción hacia los elementos subalternos de la sociedad. Su logro real es conseguir expresar esta constelación de elementos prescindiendo de las hosquedades y la brutalidad de personajes como Patti o Rico. El macrismo encarnaría algo así como la versión buena onda del estado penal. Encaja muy bien con un estado de ánimo en el que una parte importante de la población gusta de verse a sí misma a través de la ambigua idea de “ser solidario” al tiempo que se practica en forma entusiasta lo que en la teoría política se denomina individualismo posesivo.

Si bien muchas veces en el análisis se tiende a asimilar en demasía a todos estos personajes y también a disolverlos a todos dentro del aire de familia de los años 90 y la época menemista, nos parece bueno precisar algunas diferencias. El menemismo por empezar, fue la dirección política del partido burgués más importante de Argentina por un prolongado período mientras que ninguno de los personajes antes mencionados (Rico y Patti por un lado y Macri por otro, más allá de sus semejanzas) logró estructurar una alternativa política de alcance nacional, siempre estuvieron limitados a un territorio. También cabe distinguir en que el menemismo tuvo el centro de su política de castigo sobre las clases populares más en la esfera económica que en la político-institucional-represiva, más en la segregación y el disciplinamiento del mercado que en pegar palo y disparar tiros (aun cuando no haya dudado en hacerlo en ciertos momentos).

Cabe aclarar también que, en nuestra opinión, cuando afirmamos que la clase dominante aspira a instalar el estado penal no queremos decir que éste no exista en absoluto. Todo lo contrario. Pero al mismo tiempo la versión argentina del estado penal asume formas a las que podemos caracterizar más de implícitas que de explícitas. Para una parte importante del núcleo de la burguesía el nivel de amenaza sobre las clases populares es aún insuficiente. Parte de las disputas con el kirchnerismo están cruzadas por esta cuestión. Se atenúan en los momentos de alto crecimiento pero siempre vuelven. Para el establishment, el kirchnerismo integra a su agenda una parte de sus demandas en materia de castigo pero siempre concluye haciéndolo de manera timorata e inconsecuente, sin convicción o, si revisamos editoriales de La nación al asumir Garré su nuevo ministerio, sin querer hacerlo de verdad .

Al mismo tiempo el personal político que estaría gustoso de llevar adelante estas políticas no tiene la gravitación en el escenario político nacional para poder realizarlo. Alguien como Duhalde tiene estructura nacional pero carece de toda oportunidad para llegar al gobierno por elecciones. El macrismo, a punto de obtener su segunda victoria en Buenos Aires, ya en 2007 parecía estar a punto de arrancar un vertiginoso ascenso político pero su estructuración nacional se ha visto frustrada hasta ahora. Su agalma parece estar todavía demasiado afincada en lo porteño; en erigirse en una especie de muro protector de la ciudad limpia contra un exterior contaminante. Lo que le provee parte importante de su éxito también significa un lastre hasta ahora insuperado.

La imagen que hemos traído aquí, que refiere a los muros de la ciudad antigua, tiene sus límites en tanto analogía. La muralla de la ciudad antigua era una construcción física. Visible, localizable y tangible. Los muros de la ciudad contemporánea son invisibles y atópicos. Podemos decir que son una sustancia social que no contiene ni un gramo de tosca materialidad, de un modo similar a la forma valor analizada por Marx al inicio de El Capital. La concepción ideal del macrismo sería la de reforzar este proceso objetivo con algunas intervenciones estatales que amplifiquen y profundicen sus efectos en una suerte de exclusión, de encierro hacia fuera.

La frase de Macri, muchas veces citada y que causa horror en toda persona mínimamente democrática, de que el último que pensó la ciudad fue Cacciatore hay que tomarla en toda su seriedad porque, más allá de la diferencia de momentos políticos, encarna la misma idea. El brigadier Cacciatore también tuvo su frase celebre cuando afirmó que había que merecer vivir en Buenos Aires. Merecer la ciudad fue el nombre del trabajo en el que Oscar Ozlak realizó una pormenorizada descripción de ese gobierno y de su significado. Habría que releerlo y comparar, más allá de la explicitada voluntad macrista de seguir esa senda trazada.

El Pro como fuerza política

Este linaje del Pro es un elemento sin duda perturbador en lo que refiere a su ubicación en la democracia burguesa. En su interior se puede ver a cuadros políticos y jurídicos de indudable prosapia procesista (Pinedo, Young, etc), y que reivindican elípticamente ese pasado pero sin dejar dudas, que se encuentran en lugares de conducción en la fuerza política y de ejecución administrativa en el gobierno porteño. Ya mencionamos antes a fragmentos de la organización territorial del peronismo y el radicalismo de la capital.

En el primer caso algunos de sus referentes históricos aparecen entre las primeras espadas macristas en la legislatura de la ciudad. Esta organización territorial, de modo similar a lo que ocurre en la Provincia de Buenos Aires, concentra una coalición de intereses y una estructuración jerarquizada en la que la distinción entre dirigentes y dirigidos está dada por su grado de libertad respecto a la necesidad material. Habría que investigar estrictamente en qué se diferencia la organización territorial del macrismo de la del peronismo de la Provincia de Buenos Aires.

A primera vista la segunda parece más orientada a prácticas compensatorias en relación a las clases populares mientras que los grupos territoriales macristas se parecen más a los grupos reclutados por las empresas de organización piramidal; aunque esto lo postulamos como una hipótesis interpretativa a verificar.
A pesar que, como han planteado varios periodistas e intelectuales en los últimos días, el macrismo no puede ser calificado como fascista, nos parece también equivocado caracterizarlo como una opción política burguesa normal. Si vamos a sus prácticas políticas, aún obteniendo votos populares, utilizó medidas propias del estado de excepción, al erigir un servicio de espionaje a opositores políticos y a meros enemigos privados de Macri y su clan. Todo esto conlleva una privatización autoritaria de los poderes públicos que implica una clara violación a los límites de la misma democracia burguesa, que se agrega al vaciamiento propio de ésta a causa de las políticas neoliberales (aunque obviamente la realidad puramente localista del macrismo impide que esta tendencia se lleve a pleno). Casi estaría de más recordar la agresión constante a los desposeídos en la ciudad de Buenos Aires, cuya expresión más saliente fue la UCEP. Por más que este cuerpo represivo haya sido puesto entre paréntesis, esta política general no fue abandonada por el macrismo.

El parque Indoamericano y la denuncia de la “mafia de los trapitos” testimonian acerca de ello. E indican que, además del hecho represivo en sí (que no lo diferenciaría cualitativamente de otros eventos similares en que los poderes públicos recurren a vías de hecho, hay que agregar la expansión tóxica de un discurso ultrarrepresivo y racista que se distribuye por amplios sectores del cuerpo social. La ratificación electoral recibida hará retomar a todas estas tendencias un nuevo auge.

Por estas razones nos parece equivocado ubicar al macrismo como una opción democrático-burguesa más. Sus manifestaciones verbales a favor de la democracia no lo acreditan necesariamente como tal. Justamente la ideología del Proceso de Reorganización Nacional, lugar del que provienen varios de sus cuadros, nunca expresó un rechazo de principios a la democracia política, más allá de que algunos grupos de izquierda hayan calificado como fascista a la dictadura del 76 por razones de propaganda y agitación política. El Pro-ceso lo que hizo fue afirmar que la tradición democrático populista no constituía una verdadera expresión de democracia. La verdadera democracia advendría cuando la junta militar alcanzase sus fines. Algo parecido a lo que las diversas oposiciones de derecha en Argentina (de la que hace parte el Pro) y la región plantean respecto a los gobiernos que se apartan, en mayor o menor grado, de las orientaciones de la derecha liberal dura.

La formulación más aproximada respecto al carácter del macrismo es que éste, asumiendo formalmente la democracia política (lo que retoma la tradición de la derecha autoritaria argentina), es una fuerza que debemos situarla más acá de la democracia burguesa. Es decir, como un partido que no califica en varias asignaturas de la democracia puramente formal (ni hablemos de la sustancial). Y a la cual esas carencias no le resultan un déficit, algo que deberá recuperar en algún momento sino que son un segmento destacado de su identidad.
Por último, cabe aclarar que a pesar de que entroncamos a Macri en el interior de una tendencia de voto apolítico/antipolítico que dirige su preferencia hacia fuerzas con claras características delegativas y cesaristas, el individuo Mauricio Macri parece estar lejos de encarnar la imagen de un salvador autoritario, aunque autoritarios sean los rasgos y las acciones del Pro. En cierto sentido el Pro parece ser una fuerza en la que su líder visible comparte parcialmente su dirección política con algunos de los cuadros políticos de su confianza (grupo Sofía, resaca del PRN, etc) para poder llevar adelante las tareas de gobierno. Para muchos el verdadero jefe de gobierno es Rodríguez Larreta, ya que encara con entusiasmo las tareas que aburren a Macri. Por otro lado, la tarea de sondear en los intersticios de los discursos que circulan por la sociedad civil con el objetivo de montarse en ellos corresponde al célebre Durán Barba, quién aconsejó a Macri bajarse de la elección nacional lo que disgustó visiblemente a varios de los dirigentes que venían en la línea sucesoria. Por todo esto el macrismo, si bien se construyó bastante sobre la imagen de un empresario que buscaba sinceramente contribuir al bien común, representa una tropa de elite de la derecha dura por lo cual la pata concientemente autoritaria de su electorado no se equivoca cuando se dirige en esa dirección.

Los que se equivocan, y sólo parcialmente, son aquellos que toman favorablemente el discurso manifiesto del macrismo ya que lo que hacen es eludir la consideración o hacer oídos sordos por las consecuencias necesarias que trae que gobierne una fuerza de esta clase y retiene únicamente el anhelo de que sus promesas de un mundo empresario ideal y dorado se materialicen.
Otros aspectos con los que coincidimos han sido factores influyentes en este resultado electoral, pero que ya ha sido remarcado por otros analistas, y no nos interesa repetir cosas ya dichas, fueron el blindaje mediático protector de Macri, el hecho de que éste fuera en cierta manera un polizón/parásito de la prosperidad económica relativa del kirchnerismo y la campaña sucia contra Filmus. Todas estas cosas influyeron y convergieron para este resultado.

Elecciones y perspectiva

En la campaña se pudo apreciar la manera en que el discurso soft y apolítico de Macri fue replicado por un discurso político del FpV referenciado únicamente en el gobierno nacional pero también casi completamente carente de aristas duras y propias, como si la despolitización del Pro hubiera inficionado a sus filas. Al mismo tiempo, mientras el Pro utilizó a fondo su base territorial en la ciudad el FpV realizó una campaña que dejó muy en segundo plano los elementos más clásicos de la militancia política, aun la rentada y punteril. En ese sentido el Pro parecía estar más a tono de las tradiciones peronistas en el trabajo político (en lo bueno y en lo terrible que tienen) que el oficialismo nacional de capital.

Proyecto Sur vio fuertemente mermado su potencial electoral dejando a la vista que su progreso en 2009 fue producto de un desplazamiento coyuntural, principalmente, del voto anti-k (por ejemplo, uno de sus batacazos se dio en Caballito, epicentro de la protesta a favor del gran capital agrario). Este sector, tensionado por la decisión de elegir quién gobierna, decidió volver a fuerzas como el macrismo, que socialmente le son más afines. A Proyecto Sur lo acompañó su electorado más verdadero, el que pertenece a visiones nacional-populares izquierdantes así como otras tradiciones de izquierda más difusas.

La izquierda en diferentes variantes fue completamente irrelevante. En su aspecto principal, fue víctima de la polarización despareja que terminó dándose. Una parte de su electorado, difícilmente medible, optó por votar a Filmus ya desde la primera vuelta. Esto alcanzó tanto a Zamora como al FIT y al MAS. En el caso específico de los partidos que componen el FIT las elecciones dejaron a la vista la acentuación de su crisis orgánica y el rechazo que provoca su política. Su éxito neuquino si bien no es absolutamente despreciable debe contextualizarse en el marco de una provincia chica. Allí donde aumenta la presencia cuantitativa de las grandes masas su presencia política tiende a diluirse.

En este panorama, de virtual triunfo macrista en la ciudad de Buenos Aires, la posición de una izquierda anticapitalista, democrática y socialista debería intentar unificar la mayor cantidad posible de gente en torno a un voto democrático y popular de repudio a Macri. Este fin no puede llevarse a cabo a través del voto en blanco o de un aún más marginal voto programático. Una alternativa semejante sólo puede leerse como una actitud de indiferencia ante las fuerzas en disputa. O de una caracterización de que son básicamente equivalentes, que ninguna es más progresiva o más reaccionaria que la otra.

No es nuestra posición. Sin sentir ninguna necesidad de hacernos kirchneristas ni asordinar ninguna de las cosas que rechazamos del gobierno creemos que la alternativa macrista es claramente peor. Este voto de repudio a Macri, que sólo puede constituirse como tal votando a Filmus, no tiene que ser inhibido por las usinas de la derecha mediática. El voto en segunda vuelta por Filmus, si se trabaja políticamente bien por sectores de izquierda y verdaderamente progresistas, va mucho más allá del electorado del FpV (superaría claramente el techo que ampara al campo kirchnerista) y podría poner en pie a la parte, aparentemente minoritaria, pero muy amplia de la ciudad que repudia a Macri.-


                                                                                    Isidoro Cruz Bernal

sábado, 4 de junio de 2011

Jorge Luis Borges - Entrevista a Fondo - www.argentumTV.com.ar

"Homenaje a Macedonio Fernandez" 2/2 | Performance de Poesia Sonora por ...

Borges / parodia / Macedonio


                                      Para no odiar, parodiar...

La parodia de nuestro discurso (...)
se vea en él conjurada la sombra del maestro del pensar

Jacques Lacan (1966, Obertura a los Escritos)



"Naci porteño y en un año 1874, todavia no pero un poco despues comencé a ser citado por Jorge Luis Borges con tan poca timidez de encomios que por el terrible riesgo a que se expuso con esa demencia, comence a ser el autor yo de lo mejor que él había producido" dice en una carta Macedonio Fernandez, recojida por su hijo Adolfo de Obieta ante una entrevista de Germán García.(1)

                                           
    Luego,  en el entierro de Macedonio, en un tono drámatico por clima de despedida y el jocoso de un diálogo genial, Jorge Luis Borges no deja de causarse por su citador-citado como efecto de aquello que Harold Bloom llama la "angustia de las influencias".
  Afecto de falta de palabra frente al hecho que no hay  quien diga el texto verdadero, último, puro. Somos en falta, parecen decirse en el contrapunto, copias de infinitas copias, borradores... sin embargo, hay un precursor. Conviene entonces parodiar.

Germán García en su libro Hablan de Macedonio, y mas precisamente en la entrevista que realiza a Borges,  rescata este efecto. Borges supone en Macedonio  un escritor que lo causa aunque "oral", no publicado;  mientras que él mismo se quiere escritor a secas, es decir publicable. Tal vez por eso esa rectificación final en la despedida de J.L.B. :

  "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble."

La recuperacion del antecedente ahora como el objeto que se sabe perdido y por ello solo se puede parodiar, es una salida mejor para captar que en el inicio no hay originalidad del ser,  sino alguna verdad medio dicha en voz baja para cada uno.- 


Macedonio Fernández, 1874-1952

-Palabras de Borges ante la tumba de Macedonio Fernández-

Un filósofo, un poeta y un novelista mueren en Macedonio Fernández, y esos términos, aplicados a él, recobran un sentido que no suelen tener en esta república.

Filósofo es, entre nosotros, el hombre versado en la historia de la filosofía, en la cronología de los debates y en las bifurcaciones de las escuelas; poeta es el hombre que ha aprendido las reglas de la métrica (o que las infringe, ostentosamente) y que sabe, también, que puede versificar su melancolía, pero no su envidia o su gula, aunque tales pasiones sean fundamentales en él; novelista es el artesano que nos propone cuatro o cinco personas (cuatro o cinco nombres) y los hace convivir, dormir, despertarse, almorzar y tomar el té hasta llenar el número exigido de páginas. A Macedonio, en cambio, como a los hindúes, las circunstancias y las fechas de la filosofía: no le importaron, pero si la filosofía.

Fue filósofo, porque anhelaba saber quiénes somos (si es que alguien somos) y qué o quién es el universo. Fue poeta, porque sintió que la poesía es el procedimiento más fiel para transcribir la realidad. Macedonio, pienso, pudo haber escrito un Quijote cuyo protagonista diera con aventuras reales más portentosas que las que le prometieron sus libros. Fue novelista, porque sintió que cada yo es único, como lo es cada rostro, aunque razones metafísicas lo indujeron a negar el yo. Metafísicas o de índole emocional, porque he sospechado que negó el yo para ocultarlo de la muerte, para que, no existiendo, fuera inaccesible a la muerte.

Toda su vida, Macedonio, por amor de la vida, fue temeroso de la muerte, salvo (me dicen) en las últimas horas, en que halló su coraje y la esperó con tranquila curiosidad.

Intimos amigos de Macedonio fueron José Ingenieros, Ignacio del Mazo, Carlos Mendiondo, Julio Molina Vedia, Arturo Múscari y mi padre; hacia 1921, de vuelta de Suiza y de España, heredé esa amistad. La República Argentina me pareció un territorio insípido, que no era, ya, la pintoresca barbarie y que aún no era la cultura, pero hablé un par de veces con Macedonio y comprendí que ese hombre gris que, en una mediocre pensión del barrio de los Tribunales, descubría los problemas eternos como si fuera Tales de Mileto o Parménides, podía reemplazar infinitamente los siglos y los reinos de Europa.

Yo pasaba los días leyendo a Mauthner o elaborando áridos y avaros poemas de la secta, de la equivocación, ultraísta; la certidumbre de que el sábado, en una confitería del Once, oiríamos a Macedonio explicar qué ausencia o qué ilusión es el yo, bastaba, lo recuerdo muy bien, para justificar las semanas. En el decurso de una vida ya larga, no hubo conversación que me impresionara como la de Macedonio Fernández, y he conocido a Alberto Gerchunoff y a Rafael Cansinos Assens. Se habla de la irreverencia de Macedonio. Este pensaba que la plenitud del ser esta aquí, ahora, en cada individuo, venerar lo lejano le parecía desdeñar o ignorar la divinidad inmediata; de ese recelo procedieron sus burlas contra viejas cosas ilustres.

Los historiadores de la mística judía hablan de un tipo de maestro, el Zaddik, cuya doctrina de la Ley es menos importante que el hecho de que él mismo es la Ley. Algo de Zaddik hubo en Macedonio. Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble.


Las mejores posibilidades de lo argentino —la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial— se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos. Macedonio era criollo, con naturalidad y aun con inocencia, y precisamente por serlo, pudo bromear (como Estanislao del Campo, a quien tanto quería) sobre el gaucho y decir que éste era un entretenimiento para los caballos de las estancias.


Antes de ser escritas, las bromas y las especulaciones de Macedonio fueron orales. Yo he conocido la dicha de verlas surgir, al azar del diálogo, con una espontaneidad que acaso no guardan en la página escrita.


Definir a Macedonio Fernández parece una empresa imposible; es como definir el rojo en términos de otro color; entiendo que el epíteto genial, por lo que afirma y lo que excluye, es quizá el más preciso que puede hallarse. Macedonio perdurara en su obra y como centro de una cariñosa mitología.
 Una de las felicidades de mi vida es haber sido amigo de Macedonio, es haberlo visto vivir.

                                                                       
                                                                   Jorge Luis Borges
                                                                        Marzo-abril de 1952



                                                      





(1)-García, Germán: Hablan de Macedonio Fernandez. 2da. edicion Atuel, 1996.; pag. 43.-

Macedonio Fernández 3/5