lunes, 14 de enero de 2008

LOS REHENES COLOMBIANOS



URIBE O EL DRAMA DE HAMLET-

por Germán García (*)

Los intereses de los actores (en sordina, Francia / EE.UU. y el gru­po de los países iberoamericanos) serán analizados por aquellos que disponen la información, de esa que se "desclasifica" cuando ya no tiene ninguna fuerza sobre la rea­lidad efectiva.



Pero quiero hablar de otra cosa, del lenguaje que deja entrever lo que Hegel llamaba "las pasiones" que sirven a la historia, sin que los actores lo sepan.

Empecemos por Emmanuel (nombre que remite a la presen­cia de Dios) como fruto que surge de fuerzas antagónicas: la recon­ciliación encarnada, el amor que traspasa los intereses opuestos-y los funde en algo superior y supe­rador. Desde Cristo, pasando por Juana de Arco, la heroína de Metrópolis y Eva Perón en La pródiga, la mediación de alguien inocente se propone en su función mítica: suprimir las contradicciones.


Pero tenemos un héroe moderno
"Es difícil para Uribe desear el mismo final que quería Chávez;
sería el triunfo de los asesinos de su padre" que es la contrafigura, me refiero a Hamlet. Se ha encontrado con el fantasma del padre asesinado, sabe que tiene que vengarlo, pero no puede. En el trasfondo existe una contradicción política entre la mo­narquía constitucional encarnada por el tío asesino y la sucesión por sangre que representa Hamlet (así lo lee Carl Schmitt).


Pero en el primer plano, para Hamlet, está este dilema de la ven­ganza que debe a su padre, que su padre le exige desde el más allá.


Para Uribe, como para Hamlet, "Emmanuel" no es el mediador de una reconciliación divina. Su res­puesta, como pudimos escucharla, era hacer aparecer la incertidum­bre sobre la identidad del niño y del padre del niño. Se valió de un informe detallado que podía per­tenecer a cualquier niño de esta edad. Por momentos; la seguridad con la que hacía repetir parte del informe parecía estar sostenida en una certeza: ese niño era el propio Uribe, aquel al que las FARC le ha­bía matado al padre.


Era difícil para Uribe desear un final como el que deseaba Chávez y quienes lo acompañaban de bue­na voluntad, porque era desear el triunfo de quienes habían matado a su padre (ya que las FARC lograban resonancia inter­nacional), el triunfo de Chávez que lo ha­bía desafiado como Fortimbras a Hamlet y
se movía con mayor autoridad que Uribe, hubiera sido el triunfo de la "sensibilidad" política que intenta combatir.


De haber salido todo bien, Hamlet lejos de vengar al padre habría tra­bajado para aquellos que lo mataron. De haber querido desbaratar de ma­nera abierta la mediación de Chávez podría haber entrado en el infierno de Bush Jr., que al intentar emular la política militar de su padre llevó a
URIBE.



Debe lidiar ante la historia con el fantasma del asesinato de su padre.
los EE.UU. a una posición que bien podría resumirse con la paráfrasis de una frase de Dante en cada aero­puerto: "Qué pier:da toda. esperanza quien entra aquí”.

Quizá en el futuro habrá lugar para una versión, que parece estar latente, de Romeo y Julieta, por aho­ra la incertidumbre sobre el padre de Emmanuel y el dilema de Uribe con su padre muerto se presta a una versión actual de Hamlet. Pero no tenemos Shakespeare, y el ADN no podrá anular lo ya dicho. Cualquiera sea su resultado.

* Psicoanalista y escritor
FUENTE: REVISTA PERFIL , domingo 6 enero 2008.-

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