sábado, 21 de mayo de 2011

MAYO ESPAÑOL: La revuelta es po e lí tica -testimonio de un asambleista del Sol-

http://youtu.be/8q2VCm--Owk

Una crónica de la Plaza del Sol
por Eugenio Castro

"es el encuentro deseado con lo reprimido que retorna lo que nos hace dar vueltas y vueltas sobre esa plaza en la que, lo que acontece excita los sentidos insospechadamente y no parece haber, hasta el momento, condición que les limite."


Tres boletines sobre este movimiento de desobediencia civil que tiene lugar en Madrid:
18 mayo 2011-

EL SOL SALE POR LA NOCHE: Mínimo apunte de una noche en la revuelta de Madrid.

Hoy, 18 de mayo, a las cinco de la mañana la asamblea general, que había empezado a las tres y media de la madrugada, seguía viva. Unas mil personas ocupaban Sol a esa hora. El paisaje era maravilloso: gente durmiendo, o dormitando, o entre mantas, y de pie, deambulando, pegando carteles con consignas en términos generales imaginativas, intercambiando ideas, dueños de su cuerpo y de su sueño. Y amantes que se amaban, sí, tal cual. Un guante negro sobre los cartones. Y un hombre-manta, de pie, se retrataba a sí mismo porque había encontrado su nueva belleza. El cansancio fraterniza con la imaginación. El sueño vive encima del asfalto. El onirismo y la vigilia juntos: casi podría decirse que el sueño y la acción se han hermanado (¡ah, Baudelaire!). No exagero nada. ¡Qué alegría! Dure lo que dure, como dice una pintada: el mundo gira alrededor de Sol.

Ahora sólo puede uno dejarse llevar por este júbilo, a pesar de los reformistas, izquierdaunidistas y otras filtraciones que quieren apropiarse del maravilloso desconcierto en que está sumida la clase política. Estos no son más que pingajos ante el acontecimiento en sí.

19 de mayo.

A las dos de la madrugada, la lluvia había arracimado a la gente
en las carpas, de tal modo que la concentración se había convertido también
en "mercado" en el que se había producido una cualitativa función de uso de
las cosas. Se hacía más ostensible el ir y venir de plásticos, mantas, agua,
comida.

Gente con carros de la compra traía las cosas del dormir, no los
objetos de la mercancía. Y dentro de las carpas, la expresión de la gente
seguía siendo de desdén a las dificultades que había puesto el clima. Y el
diálogo y las reflexiones sobre lo que está aconteciendo creaban una palabra
común. Pero también afuera, como no podía ser de otro modo. De hecho, afuera,
las asambleas continuaban. Al menos, la de acción agrupó a un número muy
importante de personas. Era hermoso ver cómo dos de ellas tiraban del carro
que transportaba el altavoz y el micrófono por las losas llenas de agua y
cartón empapado y los portadores vociferaban el lugar del encuentro. Y allí
que íbamos los que queríamos.

Es interesante pensar en una imagen que cambia los signos: hoy la gente no
sale corriendo hacia ningún refugio, sino que duerme al raso, aun las
inclemencias.

Y un dato promisorio: empezaron a instalarse tiendas de campaña. Al menos se
contaron seis, lo que le daba una nueva significación a la acampada. Un poco
antes se consiguió "echar" a la policía: se fueron con sus carros donde no
se les pudiera ver más... por esa noche. No cabe duda que a ello contribuyó
un poco la lluvia, que tiene el efecto saludable de eliminar ciertos
elementos pesadillescos de la vigilia. A sí se duerme mejor.

No me olvido de recordar que unas horas antes, caída la noche, alguien soltó un globo aerostático de pequeñas dimensiones, con el fuego dentro, y por tanto de un color rojo anaranjado, que se elevo por encima de la Puerta del Sol. Era sorprendente: el sol salía por la noche.


20-21 de Mayo.

Plaza tomada, plaza imantada. Esta parece ser la gran potencia que ha adquirido la Puerta del Sol. Se hace difícil no sentirse un errante en ella, porque cuando uno ha decidido abandonarla, uno no puede hacerlo, pues algo se cruza en su camino que desvía su propósito, en el fondo seguramente débil, porque es dificilísimo salir de esta comunidad sin confesión alguna, plenamente vocal y elocuente, en su vociferación y en su silencio. Sí, tan pronto se aleja uno tiene que girar, pues un nuevo acontecer se produce, y por mínimo que sea está cargado con la fuerza de los hechos, y con su belleza, que, por qué no decirlo, es más convulsiva de la que se había leído.

La plaza se imanta de la energía de los cuerpos, de los gritos. La reivindicación o la furia política se hacen físicas en esa vocalización gigantesca, plena de alegría y humor. Una cadena de televisión. Su corresponsal. Quieren transmitir en directo. La gente lo ve y comienza a lanzar un grito colectivo ensordecedor que impide a la corresponsal hablar y a sus directivos en el estudio escuchar nada: “El ruido del deseo tapa los altavoces de los amos”.Y la plaza se imanta de la energía de las mentes, que deja brotar su imaginación porque la imaginación es otro de los polos de esa imantación.

Imaginación y humor. Ayer por la tarde-noche, cuando aún había luz solar, se vio desplazarse por encima de las cabezas de la gente, entrando por la calle Preciados, un sofá encarnado de escay. Desapareció tras una estructura metálica, pero al rato sobrevolaba nuestras propias cabezas, literalmente, perdiéndose hacia el fondo.

¡Qué imagen poderosa, viva, no diferida! Como también lo es una tetera de gran tamaño que alguien ha colocado en un extremo de una marquesina de autobús. Claro, era la tetera de Alicia, y todos comemos las galletas que nos convierten en increíbles seres menguantes, para reconocer el genio latente de los acontecimientos; o seres crecientes, que se elevan sobre la imposibilidad, el realismo, la predestinación y la fatalidad social.

Desde el principio de esta colectiva desobediencia civil, tapando la fachada de un edificio, hay un descomunal panel de una multinacional de cosméticos que viene ensuciando la vista de tantas y tantas personas. Pero ayer, como decía una voz, alguien comenzó a transformarlo al modo en que Léo Malet llevó a cabo el décollage de la publicidad.

Primero un grupo de activistas se encaramó a lo más alto de ese panel y desde allí desplegó un elocuente cartel de elaboración propia que mostraba un torso de militar fascista/nazi con orejas negras de Micky Mouse, el emblema del euro en forma de pincho de corbata y la leyenda “No nos representan”. Al lado de esta acción, quizá el mismo grupo cambió dos palabras de la publicidad cuya leyenda transformó en “Democracia real” (sic).

Debajo, una serie de palabras como París, Piel mediterránea, 48 h., daban cabida al maravilloso ejercicio de la asociación mental y sus relaciones con la historia de las revueltas de ayer y de hoy. Momentáneamente, la culminación de este décollage la realizó un hombre que rasgó el panel por la parte del seno de la mujer publicitada y saco su cabeza. Entonces, a nuestro lado, una voz gritó: “Es el pezón de la revolución”; grito que se coreó al unísono por los alrededores de esa zona de la plaza en la que algunos nos encontrábamos. Mientras tanto, el hombre, no dejaba de mover la cabeza, en un gesto de turgencia y excitación. Humor, erotismo e imaginación celebran aquí sus esponsales. La poesía ha saltado a las calles.

Decía que está plaza esta imantada y que la noche -y si cabe la madrugada un poco más- le vuelve a uno aún más sensible a este fenómeno. Apenas si puede uno dejarla. Es un efecto totalmente contrario al de “El ángel exterminador”. No es lo reprimido que retorna lo que mete el miedo e impide salir afuera, como les sucedía a aquellos miserables burgueses de la película de Buñuel. En sentido inverso, es el encuentro deseado con lo reprimido que retorna lo que nos hace dar vueltas y vueltas sobre esa plaza en la que, lo que acontece excita los sentidos insospechadamente y no parece haber, hasta el momento, condición que les limite.

Así se divaga por dentro de las carpas, o se mora en ellas, o se para uno a leer o a lanzar y escribir las palabras de la revuelta, del sueño, de la poesía por aquí y por allí: “Cada corazón es una célula de la revolución”, “Seguid durmiendo mientras arde el pavimento y os cuentan que está lloviendo”, “Utopía o nada”, “Queremos vivir siempre en este huracán”, “Ayer corríamos al refugio, hoy dormimos al raso”, “Arde lo que será”, “El futuro es de los intensos”.

Y los grupos de personas ya no solamente se tiran bajo las lonas de las carpas, también lo hacen en el asfalto de las calles o en las aceras de la plaza. “Ayer corríamos a los refugios, hoy dormimos al raso” Y se puede leer y habitar y dormir la maravilla, deparando con lo desconocido, humano o cosa: “Cerrado por revolución, disfruten las molestias”, decía una pequeña pancarta, y a su lado, pereceando, sus practicantes.

En estos días comprobamos lo que se había deseado, lo que se había invocado: Los días en rojo han saltado de los calendarios laborales y ahora cada día es una fiesta. Verdaderamente, tal es la poesía… en mayo de 2011.


Eugenio Castro.(poeta)

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